Hasta la vista negra

En este mundo,
tan lleno y tan vacío de gente como yo.
Gente que se lanza, que esquiva y que escucha,
en este mundo tan lleno y vacío,
con tanto de todo y tanta gente como tú.
Qué sola me sentía.

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Le pire

Es terrible despertar con esa sensación. No tienes palabras que te justifiquen, y aunque las hubiere no te apetece encontrarlas; y es que aunque las encontraras, nadie te está pidiendo la justificación que estás deseando encontrar.
En ayunas, no te levantas, ni siquiera tratas de incorporarte. “Todo se complicaría”, te dices, para resumir tu excusa; te giras, y sigues durmiendo.

Quiere a tu radical.

La vida es dura para los radicales, los “bohemios” de esta nueva época, individuos a los que les gusta la lluvia y los truenos y observar a los transeúntes por la calle. Ellos tienen el doble de todo, doble de enfado, doble de alegría, doble de culpabilidad, doble de ridiculez; ellos, a veces solos e individualistas, y a veces amigables y altruistas, pero siempre excéntricos. 
Esos radicales que no encuentran grises en sus pensamientos, o todo o nada, un día alegre no existe para ellos, es el mejor de todos, y un día triste no se acaba mañana, es un pozo negro que te impregna como el petróleo. 

Pobres ellos, que creen que buscan tranquilidad y persiguen las tormentas, que sólo están a gusto cuando están solos, que están en su salsa sin encender la luz. Oh si, todos tenemos un radical alrededor. Igual eres tú el radical, y les toca a los demás comprenderlo.

Quiere a tu radical, el pobre no lo hace a propósito.

Nota a la edición

 Comentario de texto de Arte e identidad. Itziar Ortiz.

 

La tesis principal que encontramos es la falsa idea de globalización y las consecuencias que tiene en un mundo en el que las fronteras son un hecho irrefutable e intrínseco.

Los puntos destacables que encontramos, y que expongo aún a riesgo de reiterar información, son la vigencia de las culturas basadas en creencias totalitarias y dominadas por la pobreza y la injusticia. Problemas de las minorías étnicas, que incluso cuando el estado concede defensas se producen fragmentaciones territoriales; las fronteras se extienden más allá de la conservación de patrimonios para formar parte de identidades separadas (geográfica, lingüística y culturalmente). Fronteras que muchas veces van más allá de la geografía, y que son atravesadas burlando la vigilancia y arriesgando la vida dada la dificultad que supone atravesarlas de un modo legal.
Las fronteras territoriales, establecidas por el ser humano más allá de la cartografía del terreno son las que separan lo público de lo privado, una cultura de otra, una economía de otra.

Podríamos decir de un modo radical que las fronteras territoriales se establecen en función de la cultura y la economía; es más fácil viajar a países de semejante estado económico y semejante pensamiento que cruzar la barrera fronteriza que separa diferentes culturas y economías, sobre todo si es para ir a un lugar de economía más establecida y prosperada que la de nuestra procedencia, pero no sólo la economía es el pilar que sostiene la cultura, también lo hace la religión en igual o mayor proporción; las diferencias culturales entre dos territorios de diferente religión son mucho mayores, y repercuten a su vez en otras divisiones, no como un muro real de esta división, pero si como un muro cultural que impide a unos aventurarse en el mundo de otros.  

Las fronteras suelen tener razones históricas independientemente de su causa, y suelen dividir distintas zonas de forma radical con objetivo de la defensa del territorio, pero los grandes movimientos migratorios de finales del siglo XX y principios del XXI han producido un especial interés en el término frontera, ya no sólo en cuanto a la frontera territorial, sino a las fronteras culturales que nos dividen como si individuos de diferentes especies se tratase. Las diferencias culturales y las fronteras se vuelven un deseo central, que producen una necesidad de paso y de identidades híbridas, que dan como resultado una combinación cultural aún no del todo reconocida ni definida.
Pero dichas fronteras recalcan abiertamente las diferencias del mundo desigual en el que vivimos, falsamente globalizado e interdependiente.

Para analizarlo correctamente tenemos que plantearnos en primer lugar una definición concreta de la globalización y de la interdependencia; por globalización podríamos tomar esta definición de la Wikipedia: “comunicación entre los distintos países del mundo uniendo sus mercados, sociedades y culturas, a través de transformaciones sociales, económicas y políticas que les dan un carácter global.”
Esta definición nos deja bastante claro por qué utilizamos las palabras “falsamente globalizado”. Dentro de esa idea de globalización que une los diferentes mundos dentro del planeta en el que vivimos no se habla de las injusticias ni de fronteras (fronteras tanto territoriales como culturales), sino que se presentan las diferencias creando un mundo utópico y realmente igualitario, que se expone como la globalización real que está sucediendo.

Por interdependencia encontramos esta definición: “La interdependencia es la dinámica de ser mutuamente responsable y de compartir un conjunto común de principios con otros. Este concepto difiere sustancialmente de la “dependencia”, pues la relación interdependiente implica que todos los participantes sean emocional, económica y/o moralmente “independientes”.” Bien, partiendo de la base de que la interdependencia supone asumir la responsabilidad de forma conjunta, y a su vez asumir unos principios comunes yo me pregunto, ¿dónde está en la realidad dicha interdependencia? Porque cuando hablamos de principios podemos suponer que la declaración de los derechos humanos está escrita con el objetivo de aclarar esos principios.
Por desgracia los principios inherentes a nuestro sistema, un sistema basado en el interés, que está realmente globalizado distan de la declaración de derechos humanos; porque si nos encontrásemos en un mundo realmente globalizado cuyos principios morales tuviesen como máxima el bienestar de todos los seres humanos, no sucederían ni la mitad de hechos que están sucediendo en “mundos” ajenos a las principales potencias mundiales.
Con esto quiero decir que la globalización es real en unas circunstancias determinadas, como las cooperaciones entre las principales potencias con objetivos similares (donde si encontramos interdependencia); dicho de otro modo, es una creación del mundo occidental donde se ha generado una sociedad de consumo. La mayor globalización cultural y económica que encontramos, en cuanto a la integración y el contacto de prácticas culturales, se encuentra en el momento en que la empresa X realiza un producto utilizando una mano de obra Y a la que explota sin remordimientos para ofrecer el producto a los países  consumistas por un módico precio.
Permanece ajeno a su propio significado, aumentando las diferencias que hay a ambos lados de las fronteras, y a su vez acrecentando los prejuicios de las sociedades de las distintas culturas.

Del mismo modo que el arte es un mercado de comercio, la globalización es un ideal ficticio que sólo se lleva a cabo en unas determinadas y controladas circunstancias, como la libertad de expresión dentro de un cuaderno cerrado.

El restaurante era precioso, había cuadros de amapolas, mi flor silvestre favorita, pero seguramente no te diste cuenta, posiblemente tampoco te percataste de que el hilo musical estaba compuesto por Louis Amstrong, Billy Cobham y Miles Davis. Nunca fuiste una persona capaz de apreciarlo. Yo si supe, pero no nos diferencia nada realmente. Incluso lo pasaste mejor aquella noche, seguramente, entre chácharas y parloteos, mientras que en mi mesa, al otro lado de la sala, sólo se encontraba una chica solitaria, de sonrisa ausente, y mirada perdida.
Somos mundos diferentes.