Get away

Llamadme loca, pero a mi sí me gusta estar en el extranjero. Me encanta que todos los días la vida sea nueva y diferente, e irme muy lejos de casa para sumergirme en otro mundo totalmente distinto. No echo de menos mi vida, y tengo a las personas a las que necesito a una línea de wifi. Te queda claro las personas a las que necesitas, y también las que te necesitan. Y sabes mucho mejor quienes son que cuando vives cerca. Llamadme rara, pero odio los cincuenta grados a la sombra de España en verano. Adoro ver llover, los truenos y los rayos.
Adoro la comida (distinta), y los rincones maravillosos que aun me quedan por conocer, y los que solo tienen un par de historias. Me gusta conocer palabras nuevas cada día, y aunque resulte agotador a veces, adoro tener que esforzarme para conseguir tomates en el supermercado. Me parece maravilloso conocer solo dos marcas de cerveza de los estantes, y tener que buscar en el traductor una palabra para saber qué producto tengo que comprar es fascinante. Es genial no tomarte demasiado mal un comentario por la “falta de idioma” pero entender perfectamente los elogios de una señora a la que acabas de ayudar con las bolsas de la compra.
Pero lo mejor es que te das cuenta de que no necesitas que nada siga abierto para ver amanecer. Te basta con sentarte por el Támesis, el Vistula, o el Manzanares.
Siempre me han gustado las cosas que tienen fecha de fin, eso hace las visitas tan especiales; aprovechas cada segundo, cada halo, cada respiro, y solo lo sabes cuando las haces, porque son horas de conversaciones interminables y acabas viendo el amanecer y hablando de nimiedades. Lo mejor de todo son las posibilidades. No importa si estas en Laponia, Londres o un pueblo de Hong Kong, puedes ser quien quieras, pero la sensación mas maravillosa es elegir seguir siendo tú. Y que no necesitabas todos esos objetos materiales de recuerdos almacenados en cajas debajo de la cama que te hacían plantearte si tenias o no Diógenes.
Al final de todo, terminas enamorándote de aquella noche que tardaste tres horas en volver a casa con la bici alquilada porque te perdiste, cuando el trayecto real es de cuarenta minutos. Y de aquel extraño que te ayudó a encontrar el camino a casa, porque los cargadores externos de móvil también se quedan sin batería.
Te das cuenta de los tabúes sobre todos los lugares, los sitios alejados de casa, y la oscuridad que han creado sobre ellos, pero esa calle oscura no es mas que una farola que perdió su bombilla, y los zorros que se ocultan tras ella. Con más miedo que tú. Con las mismas ganas de sobrevivir.

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Un comentario en “Get away

  1. Me parece genial cada entrada a este blog aunque ya hace tiempo que no escribas. Me gusta mucho la forma en la que escribes haciendo de alguna forma sentirte parte de la historia. Haces de lo que la gente llama cotidiano en algo especial.
    Espero que vuelvas a escribir estas entradas ^^
    Un saludo desde La Mancha

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