We are

Lo que sacamos de nuestra vida no es nunca lo que nos gustaría sacar.
La mayoría de las veces nos equivocamos, y nos vamos a seguir equivocando continuamente, si tenemos suerte será en cosas nuevas, pero más de una vez repetiremos alguno de nuestros errores favoritos. Las conclusiones están difusas, porque nada se concluye estrictamente, y las situaciones no son tan radicales como llegamos a pensar que lo son.
Nos gustan los extremos.
Nos gusta tirarnos al vacío y experimentar la sensación de libertad, a la vez que caemos en picado hacia la nada. Y repetimos una y otra vez nuestros pensamientos. Nuestras conclusiones erróneas. Las abrazamos como lo mas valioso que tenemos, porque nos gusta pensar que nuestros errores han sido fundamentados, que eso es lo más preciado que sacamos de ellos, y nos repetimos constantemente que merecieron la pena.
Nos gusta creer que merecieron la pena.
Y aún así la parte destructiva que se encuentra en nuestro interior nos repite constantemente: “pudiste haberlo hecho mejor, podrías hacerlo mejor ahora mismo, pero si se repitiera la situación, no lo harías”, y no es que seamos realistas, es que queremos sentirnos culpables, como si de algún modo eso diera lugar a algún tipo de igualdad en la situación. Pero esa igualdad es solo imaginaria.
Seguirás abrazando tus conclusiones.

Lo que saco de mi vida  no es nunca lo que me gustaría sacar.
La mayoría de las veces me equivoco, y me voy a seguir equivocando continuamente, si tengo suerte será en cosas nuevas, pero más de una vez repetiré alguno de mi errores favoritos. Mis conclusiones están difusas, porque nada se concluye estrictamente y las situaciones no son tan radicales como llego a pensar que lo son.
Me gustan los extremos.
Me gusta tirarme al vacío y experimentar la sensación de libertad, a la vez que caigo en picado hacia la nada. Y repito una y otra vez mis pensamientos. Mis conclusiones erróneas. Las abrazo como lo más valioso que tengo, porque me gusta pensar que mis errores han sido fundamentados, que eso es lo más preciado que saco de ellos, y me repito constantemente que merecieron la pena.
Me gusta creer que merecieron la pena.
Y aún así la parte destructiva que se encuentra en mi interior me repite constantemente. “pudiste haberlo hecho mejor, podrías hacerlo mejor ahora mismo, pero si se repitiera la situación, no lo harías”, y no es que no sea realista, es que quiero sentirme culpable, como si de algún modo eso diera lugar a algún tipo de igualdad en la situación. Pero esa igualdad es sólo imaginaria.
Seguiré abrazando mis conclusiones.

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