Soy mi propia diana.

¡Es algo tan inocente el miedo! Eso si que es vulnerabilidad, aquello que te produce pavor entra en tu sangre y recorre tu cuerpo como un escalofrío, como un leve soplo de aliento en la nuca. Como la oscuridad misma. 
Ese poder que le otorgas a algo externo, o a alguien, a que entre en tu mundo y lo destroce, simplemente hablando. ¡Y sin saber de qué modo! En un pestañeo. Y cuando abres los ojos, no sabes si te encuentras en el ojo del huracán, o el miedo ya pasó. ¡Oh, dulce vulnerabilidad! Esto nada más que acaba de empezar. 

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