A veces a las canciones les sobra la letra.

– O,  ¿y si han visto algo que realmente soy o algo de mí y no les gusta pero aún así lo intentan? Eso es peor todavía. Es peor que ser el maniquí del escaparate, que ve continuamente a las personas pasando, y fijándose únicamente en su madera. 

– Alicia, no te centres ahora en eso. Termina las cosas que dejas a medias.

Había olvidado lo que realmente quería decir. No se trata de algo concreto, sino de muchos aspectos. No se reduce a ningún nivel en particular, tal vez la soledad, pero la soledad está en todas partes. 
A veces a las canciones les sobra la letra.

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El fantasma de los fantasmas.

Igual no es que nadie lo entienda, igual se trata únicamente del deseo de incomprensión, y comodidad de la tristeza cuando nos sentimos incomprendidos. Tal vez no queremos ver a quien realmente lo entiende, porque en realidad no queremos ser entendidos. Será la belleza de la melancolía la que nos arrastra hasta su lado, con nuestra ayuda.

Puede que de eso se trate todo, nada más. Tal vez.

Soy mi propia diana.

¡Es algo tan inocente el miedo! Eso si que es vulnerabilidad, aquello que te produce pavor entra en tu sangre y recorre tu cuerpo como un escalofrío, como un leve soplo de aliento en la nuca. Como la oscuridad misma. 
Ese poder que le otorgas a algo externo, o a alguien, a que entre en tu mundo y lo destroce, simplemente hablando. ¡Y sin saber de qué modo! En un pestañeo. Y cuando abres los ojos, no sabes si te encuentras en el ojo del huracán, o el miedo ya pasó. ¡Oh, dulce vulnerabilidad! Esto nada más que acaba de empezar. 

Somos nuestro peor enemigo, somos el fin del mundo y al parecer a nadie le importa.

Se sentó en la silla del estudio, contemplando lo que veía a su alrededor. Varios libros de poca importancia, las pinturas con el bermellón y el verde esmeralda a punto de terminarse, unos cuantos papeles con anotaciones de ideas que no paraba de retrasar aún cuando perdía el tiempo constantemente, y unos lápices blandos bastante gastados. Enfrente de la silla se encontraba un antiguo espejo, y pudo verse reflejado en él, pero únicamente unos instantes, porque su reflejo comenzó a perderse del mismo modo que su vista en sus propios ojos, y la habitación quedó a solas de nuevo, y ni el bermellón ni el esmeralda se llegaron a gastar.